Nuestra maravillosa compañera psicóloga María Cecilia Machicado nos ofrece una explicación y guía sobre un tema que tristemente, algunas personas tienen o tendrán cercano estos dias
DUELO, DOLOR Y CONFRONTACIÓN DE LA REALIDAD. ¿Cómo acompañar a los niños?
Tristemente, a medida que avanza la epidemia en nuestro país y en nuestra comunidad, diariamente muchas familias nos estamos enfrentando a las malas noticias la muerte de un familiar, un amigo o conocidos. Los duelos (del latín dolus), como su nombre lo indica, implica dolor, luto, como también hace referencia al momento en que una persona alberga un combate interno (duelo): una parte de ella acepta la pérdida frente a otra que no la acepta.
En la situación de confinamiento en que vivimos y sin la posibilidad de despedirnos y congregarnos con los más cercanos a compartir los sentimientos, el duelo se hace aún más duro. Y en medio de esta vorágine están nuestros niños. Ellos están siendo testigos, muchas veces silenciosos, de nuestra angustia, miedo y pena. Surgen entonces las dudas sobre cómo contarles de la muerte de un ser querido… ¿si esperar a terminar la cuarentena, intentar actuar con normalidad, esconder nuestras lágrimas, etcétera? Son preeguntas que nos inquietan.
De acuerdo con su edad, los niños tienen una manera diferente de comprender la muerte. Los más pequeños, todavía en el mundo de la fantasía, no tienen maduras las capacidades para entender la muerte, sobretodo su carácter irreversible. Por otro lado, los adultos, en nuestro intento de mitigar el dolor, muchas veces utilizamos metáforas y damos explicaciones que pueden llegar a confundirles más; la muerte es una realidad y, aunque nos cueste, debe ser nombrada.
Los niños, aun cuando no les digamos cómo nos sentimos, comparten nuestro territorio emocional, son sumamente intuitivos y sensitivos, por lo que tienen la capacidad de conectar con sus emociones y también con las nuestras emociones, aunque las procesen o recreen de manera diferente (a menudo a través del juego, dibujos, canciones).

Por lo mismo no hace falta intentar ocultar nuestra pena, ellos “saben” (en su corazón) lo que estamos sintiendo y empatizan con ello.
No es un proceso fácil y cada familia de acuerdo a sus valores y creencias lo vivirá de manera distinta, pero queremos ofrecer algunos consejos para afrontarlo con los niños:
• Los niños merecen y necesitan saber la verdad. Nuestro ser querido ha muerto y eso significa que no le volveremos a ver.
• De acuerdo a nuestras creencias, podemos ofrecerles respuestas a preguntas como: ¿Dónde han ido? – ¿Desde dónde nos siguen acompañando?, etc.
• Hacer un ritual en familia donde ellos puedan participar para decir adiós (un dibujo y pegarlo en la ventana, un cuento, una oración, etc).
• Responder a todas sus preguntas por difíciles que nos parezcan.
• Hablar sobre los momentos compartidos con la persona que ha fallecido, esos recuerdos los conservaremos siempre.
• Validar todas sus emociones.
• Expresar las nuestras y permitirles consolarnos también. Fomentar el diálogo adulto-niño nos enriquece a ambos.
• Favorecer espacios de juego libre. A través del juego los niños recrean y procesan su realidad. Y si nos invitan a participar de él, aceptarlo.
• Estar muy pendientes de ellos en los días siguientes.
De esta situación que estamos viviendo, todos (niños y mayores) saldremos fortalecidos y habremos aprendido mucho sobre nosotros mismos y sobre los que tenemos más cerca. Desde nuestro centro queremos enviaros un abrazo con nuestro más sincero afecto ¡Estamos todos en la misma barca!